Malibu Spring, frágil como el cristal y sólido como el robre
La de Malibu Spring es la historia del caballo que conoció el cielo y el infierno hípico. Otro más en esa larga lista de resilientes, capaces de reconstruirse cuando todo parece perdido.
Es la vida de un pingo cuyas manos, hoy gruesas, amacetadas debajo de las vendas que protegen y disimulan, casi lo dejan atado a un palenque para siempre. Es el de la lesión en la entre cuerda y la fisura de sesamoideo que lo dejó fuera de circulación, y que cuando volvió para ganar en serie también sufrió un cólico.
Malibu Spring es un caballo sufrido desde lo físico capaz de ganar cualquier carrera en la arena. Es el de los siete triunfos consecutivos este año, para terminar la temporada invicto. Es el de las 117 libras de rating, a la par del héroe del Pellegrini. Es crack sin diploma, sin corona de laureles. Es el de la historia que inspiran películas.
Ahora ganó el clásico Clausura (G3), en La Plata, tirándole varios cuerpos a Lagarto Boy, el segundo del Dardo Rocha con quien porfió por el primer puesto hasta llegar la recta.
Tomás Kehoe Wilson sacó un pingo difícil de empardar. El propietario podrá tener más en el futuro, pero de la clase de Malibu Spring es difícil encontrar plaza.
Esa mano mirame y no me toques quiza lo aleje de hacer una prueba en el a veces duro suelo de San Isidro.Si en el hipódromo del Jockey Club hubieran grandes carreras en la pista chica, probablemente sería más fácil llevarlo.
Vaya uno a saber cuántas horas de hielo, cuántos rayos y ecografías apuntaron a esa mano herida. Y cuántas horas de trabajo para Marcelo Sueldo, quien lo cuida como si fuera de cristal. Pero cuando sale a la pista y calienta motores impresiona sólido como el roble.
Por Julio Guimaraes






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