Voy a decir dos o tres cosas sobre Girona Fever...
| Foto Gtza. Palermo |
Antes de que me olvide voy a decir un par de cosas sobre el colosal triunfo de Girona Fever conseguido en condición de visitante, corriendo por primera vez con luz artificial y sorteando problemas de tránsito, para mencionarlo de manera diplomática.
A su victoria sobre el mejor velocista argentino en los 1000 metros del Gran Premio Ciudad de Buenos Aires hay que inscribirlo en el entusiasmo de los patrones uruguayos por salir a competir con sus caballos en el extranjero. En este caso viajando rumbo a la Meca del turf sudamericano.
Tienen gimnasia los uruguayos en sacarles pasaportes a sus caballos. No hay que hacer historia antigua para recordarlos.
Sin ir más lejos, Hugo Pereyra, de Los Vikingos, trajo a Athelsta para buscar ganar un Carlos Pellegrini donde entró cuarto de Village King en la misma carrera donde Happy Day, también oriental fue séptimo, una hora ante de que Pepper Mill, también de patrones uruguayos, llegase cuarta en la Copa de Plata.
Prelude Rye, Caballo del Año en Maroñas, cruzó a Palermo por decisión de su dueño para correr el clásico General Belgrano de 2022 y de no haberse lesionado hace unas semanas quizá hubiese acompañado a Girona Fever en la aventura.
Lo segundo que quiero decir es que la gloria no tiene precio. Girona Fever terminó ganando un premio equivalente a 11.000 dólares billetes, mientras que el viaje le costó bastanre a su dueño, Luis Herrera. Desde lo económico, aún ganando perdieron plata.
Lo tercero es que ya sueño con la revancha entre Girona Fever y Labrado, pero en Maroñas. ¿Se atreverían a llevarlo sus dueños argentinos para enfrentarla en una prueba con codo del otro lado del río? A vos que estás leyendo qué te parece.
Y esto me lleva de nuevo a pensar en lo poco afecto de nuestros patrones a buscar experiencias internacionales. Para saber dónde se está parado hay que salir a enfrentarse con los mejores. Los mejores suelen estar afuera. Los uruguayos lo están haciendo. Aquí, Tatino, RDI y algunos pocos más le dan chances a sus caballos de volar.
La pregunta entonces es si es más divertido competir en una zona segura o vale la pena tomar el riesgo de correr donde corren los mejores. Ya se. Me vas a decir que es caro por lo de los traslados y el tema de la adaptación. Y en eso tenés razón.
Tienen gimnasia los uruguayos en sacarles pasaportes a sus caballos. No hay que hacer historia antigua para recordarlos.
Sin ir más lejos, Hugo Pereyra, de Los Vikingos, trajo a Athelsta para buscar ganar un Carlos Pellegrini donde entró cuarto de Village King en la misma carrera donde Happy Day, también oriental fue séptimo, una hora ante de que Pepper Mill, también de patrones uruguayos, llegase cuarta en la Copa de Plata.
Prelude Rye, Caballo del Año en Maroñas, cruzó a Palermo por decisión de su dueño para correr el clásico General Belgrano de 2022 y de no haberse lesionado hace unas semanas quizá hubiese acompañado a Girona Fever en la aventura.
Lo segundo que quiero decir es que la gloria no tiene precio. Girona Fever terminó ganando un premio equivalente a 11.000 dólares billetes, mientras que el viaje le costó bastanre a su dueño, Luis Herrera. Desde lo económico, aún ganando perdieron plata.
Lo tercero es que ya sueño con la revancha entre Girona Fever y Labrado, pero en Maroñas. ¿Se atreverían a llevarlo sus dueños argentinos para enfrentarla en una prueba con codo del otro lado del río? A vos que estás leyendo qué te parece.
Y esto me lleva de nuevo a pensar en lo poco afecto de nuestros patrones a buscar experiencias internacionales. Para saber dónde se está parado hay que salir a enfrentarse con los mejores. Los mejores suelen estar afuera. Los uruguayos lo están haciendo. Aquí, Tatino, RDI y algunos pocos más le dan chances a sus caballos de volar.
La pregunta entonces es si es más divertido competir en una zona segura o vale la pena tomar el riesgo de correr donde corren los mejores. Ya se. Me vas a decir que es caro por lo de los traslados y el tema de la adaptación. Y en eso tenés razón.
Hace unas horas, nomás, la argentina Didia ganó un G3 en Churchill Downs. Es la prueba más cercana de que hay talento de exportación.







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