La Palermo, más que una revista una institución del turf
Cien años. Un siglo. Toda una vida. Qué digo. Acaso dos vidas. Probablemente tu viejo no había nacido cuando la Palermo estaba allí, brindando datos, regalando fijas, acertando en las carreras.
Fue como el Billiken de nosotros. La Biblia burrera. Pasaron los años. Muchos. De revista señera se convirtió en institución. Porque eso es la Palermo. Una institución más del turf argentino. Ha marcado agenda. Ha sentado opinión. Lo sigue haciendo.
Celebramos los 100 años de la Palermo. La de Luis Ottone. La de Conforti. La de Turilo y Becho, el Lírico, Tripleerre, Vijandi y Macias. La de Messina, los Stanizzi, Rosita, D'Arenzo y Papadakis. La del Teacher Martínez. La de Pico y Diego. La de Gus, Matías, Epi Torres, Pablo y Toscano. La de Belén y el Pelado. También la del Jockey Enmascarado, el Diabólico, las Tabuladas y la Charada. La Rosa. La Azul y La Blanca.
Es un diario hípico que se publica cada 24 horas. Es una enamorada del turf. La que pasó de la linotipo a la Internet. La de Regimiento de los Patricios, en la Boca, y la de Alicia Moreau de Justo, en Puerto Madero.
¿Te acordás del kiosko donde la comprabas? Yo pasaba por uno en San Juan y Boedo, en diagonal con la esquina Homero Manzi, o en Plaza Italia, antes de subirme al micro naranja que te dejaba en Libertador y Ortega y Gasset, puerta de la perrera.
"Hay Palermo Rosa, para mañana!", voceaba el canillita a la salida del HP, o "Vino el 4 en la primera", te daba el marcador en la entrada, junto a un busca que te ofrecía un cucurucho de maní o un cubanito por dos con cincuenta.
Porque la Palermo también fue de los estoicos vendedores ambulantes.
Me gustaría ver la tapa de la primera Palermo. La de hace cien años. Ese ejemplar inicial debe ser uno de los incunables del turf.





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